jueves, 21 de noviembre de 2013
O Som do Silêncio
O silêncio quando vem é som!
O silêncio quando toca é alma!
O silêncio quando faz desfaz:
Abre uma porta para a luz!
No horizonte há silêncio
No azul se faz silêncio
O fundo do mar permanece silencioso
A graça do Amor é o silêncio
O sentir mais reto é silente
O coração mais puro exprime o silêncio
No silêncio eu cresço
No silêncio eu vivo
No silêncio eu medito
Eu medito silencioso aqui e agora
Eu medito para silenciar
Aquele que me oprime
Eu medito para ressurgir
Do medo que me toca
Eu medito para devocionar
Eu medito para me aquietar
Que o silêncio venha
Que o silêncio fique
E que tu compreendas que as palavras ditas
Com afeto puro
Perpetuam esse silencioso sentir
(Clarice Knihs e Carlos Llanos)
sábado, 2 de noviembre de 2013
Un dialogo sobre la Paz y un aspecto de la dualidad
Devoto: en alguna ocasión estuvimos conversando sobre los aspectos de la dualidad relacionados con lo masculino y femenino, que no son exclusividad de hombres o de mujeres. Diríamos que representan aspectos complementares, como el yin e yang explicados en el taoísmo.
Maestro: el aspecto de complementariedad es fundamental para entender la dinámica de ese aspecto de la dualidad.
Devoto: me dejó intrigado cuando se refirió al hecho de que cada aspecto representa una fuerza, confinada en la finitud, implícita en la manifestación. ¿En el aspecto masculino que podríamos relacionar?
Maestro: El hombre (puede ser también una mujer ejerciendo el yang) es proveedor, defiende su casa, disfruta de su virilidad, del ejercicio de la fuerza, la confrontación; pero debe hacer todo esto de una manera civilizada. Y aquí tenemos un enfrentamiento entre esa fuerza y los aspectos represores de la civilización, bien estudiados en la sicología, que son impuestos para generar una convivencia posible entre las personas.
Devoto: ¿Y esa fuerza masculina cómo está relacionada con la Fuerza creadora que hemos conversado aquí?
Maestro: La Fuerza de que hemos hablado aquí es integradora, y por lo tanto explica porque el devoto(a) suele permanecer callado(a) ante un insulto, o permanecer sereno(a) ante el acontecimiento de una injusticia contra él/ella mismo(a). Esa Fuerza siempre está actuando en todos los seres vivos. La fuerza de confrontación que ejercen hombres y mujeres, en su día a día, está confinada a la temporalidad, a lo mental, a lo transitorio. La Fuerza de que hablamos aquí es centrada en el silencio, y por lo tanto está más allá de lo mental, de transitorio.
Devoto: ¿y como esto se ejerce en la práctica?
Maestro: Ante una emergencia, el devoto escoge la Fuerza para responder, y sabe perfectamente que ella no está relacionada con la pasividad. Por el contrario, el devoto percibe que la Fuerza es infinitamente mayor que cualquier fuerza humana posible. El devoto, en estas condiciones, no es pacífico. Él es la propia Paz manifestada.
Devoto: mas en este caso, la persona también puede ser catalogada como "civilizada".
Maestro: Esa Fuerza se fundamenta en un aspecto integrador, que en la práctica se muestra sereno y armonioso. Algunas tradiciones usan la palabra "compasión" para describir este hecho. Por lo tanto, la represión no aparece en su dinámica, pues de alguna manera la sabiduría y la comprensión (que le son propias) son el telón de fondo de su palco de actuación.
Maestro: el aspecto de complementariedad es fundamental para entender la dinámica de ese aspecto de la dualidad.
Devoto: me dejó intrigado cuando se refirió al hecho de que cada aspecto representa una fuerza, confinada en la finitud, implícita en la manifestación. ¿En el aspecto masculino que podríamos relacionar?
Maestro: El hombre (puede ser también una mujer ejerciendo el yang) es proveedor, defiende su casa, disfruta de su virilidad, del ejercicio de la fuerza, la confrontación; pero debe hacer todo esto de una manera civilizada. Y aquí tenemos un enfrentamiento entre esa fuerza y los aspectos represores de la civilización, bien estudiados en la sicología, que son impuestos para generar una convivencia posible entre las personas.
Devoto: ¿Y esa fuerza masculina cómo está relacionada con la Fuerza creadora que hemos conversado aquí?
Maestro: La Fuerza de que hemos hablado aquí es integradora, y por lo tanto explica porque el devoto(a) suele permanecer callado(a) ante un insulto, o permanecer sereno(a) ante el acontecimiento de una injusticia contra él/ella mismo(a). Esa Fuerza siempre está actuando en todos los seres vivos. La fuerza de confrontación que ejercen hombres y mujeres, en su día a día, está confinada a la temporalidad, a lo mental, a lo transitorio. La Fuerza de que hablamos aquí es centrada en el silencio, y por lo tanto está más allá de lo mental, de transitorio.
Devoto: ¿y como esto se ejerce en la práctica?
Maestro: Ante una emergencia, el devoto escoge la Fuerza para responder, y sabe perfectamente que ella no está relacionada con la pasividad. Por el contrario, el devoto percibe que la Fuerza es infinitamente mayor que cualquier fuerza humana posible. El devoto, en estas condiciones, no es pacífico. Él es la propia Paz manifestada.
Devoto: mas en este caso, la persona también puede ser catalogada como "civilizada".
Maestro: Esa Fuerza se fundamenta en un aspecto integrador, que en la práctica se muestra sereno y armonioso. Algunas tradiciones usan la palabra "compasión" para describir este hecho. Por lo tanto, la represión no aparece en su dinámica, pues de alguna manera la sabiduría y la comprensión (que le son propias) son el telón de fondo de su palco de actuación.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Sobre un Amor Primordial
Devoto: un tema a ser colocado aquí es el de la expresión
amorosa que el devoto debe mantener en el día a día. Las tradiciones espiritualistas, tanto de
oriente como de occidente, son explícitas en este tema.
Maestro: usted puede colocar como ejemplo los mandamientos
cristianos, el principal de ellos hace referencia a este tema.
Devoto: la palabra mandamiento me crea la
sensación de obligación, y esto me deja incomodado.
Maestro: ¿es para usted una obligación respirar? ¿Se siente incomodado por esto?
Devoto: comprendo, pero miremos el mandamiento
que habla sobre el amor a Dios, sobre todas las cosas.
Maestro: aquí está refiriéndose de un Amor Incondicional, en todas las
circunstancias. Un amor que podemos ya apreciar en las madres que aman sus
hijos, sin importar que estos sean buenos, malos, bonitos, feos, religiosos,
ateos, sabios, ignorantes, inteligentes, limitados, etc.
Devoto: mas usted está hablando de un amor
materno, de un amor humano.
Maestro: a usted no se le exige más con
respecto a Dios.
Devoto: entonces nos explique más sobre este
amor a Dios.
Maestro: observe bien su concepto de Dios, no le voy a preguntar cuál es pues no interesa
en este momento. Si observa bien la idea
que tiene sobre Dios va a percibir que ella es un preconcepto. Y siendo un
preconcepto usted va a tender a crear conflictos y tenciones dentro de usted.
Muchas personas han sido muertas y siguen muriendo por
preconceptos.
Devoto: ahora no entiendo nada, ¿como voy a amar a alguien sin conocerlo, sin
tener una imagen mental?
Maestro: Lo que se le pide es un Amor
incondicional, sin importar su creencia en Dios. Si su Amor es incondicional, con
el tiempo podrá retirar su creencia, y sólo ese Amor quedará dentro de usted.
Devoto: creo que no entendí nada…
Maestro: si su Amor es incondicional, estará
más allá de su mente, más allá del ámbito de las creencias, de los conceptos,
de los preconceptos. Las escrituras son claras cuando dicen que toda sabiduría, conocimiento y poder son temporarios, y que sólo el Amor prevalece.
Devoto: ¿mas qué diferencia hay entre las prácticas
devocionales, meditativas, oraciones y esa actitud amorosa?
Maestro: esas prácticas lo ayudan a llegar a la frontera de la mente, y tal vez a vislumbrar ese Amor. Mas
sin esa actitud amorosa incondicional usted no saldrá para el área espiritual,
no podrá dar el salto final. Y esa actitud es el fondo una decisión suya; como el amor que siente una
madre por su hijo que, a pesar de ser natural, está sustentado por la anuencia
de quien Ama.
Devoto: a mí me parece difícil amar incondicionalmente…
Maestro: ese Amor Incondicional siempre ha estado
dentro de su Ser. Basta su anuencia para tornarlo consiente y efectivo. Y así usted
con el tempo amará incondicionalmente con la misma facilidad y naturalidad con que respira.
Y podrá ejercitarlo y testarlo en todas las circuntancias de su vida, sean fáciles o difíciles, sobre todo em aquellas que le llegan por sorpresa. Finalmente podemos afirmar que ese Amor es lo único que realmente podemos llamar de “espiritual”.
lunes, 29 de julio de 2013
Algo sobre la culpa
Devoto: hemos hablado con alguna frecuencia sobre el tema de la culpa y de la tendencia de los seres humanos a juzgar. En alguna ocasión usted nos decía que siempre que sentíamos culpa un veredicto, de un juicio interno, había sido previamente promulgado.
Maestro: digamos que la ejecución de un juicio es casi simultáneo con el sentimiento de culpa. Esa es una estructura típica del ego.
Devoto: si es una estructura del ego, no existiría una salida viable al problema de la culpa.
Maestro: El Ser no juzga y no puede ser juzgado. Quien juzga es el ego, la falsa identidad; y recibe un veredicto como vuelto. Ese juzgamiento es la semilla de la culpa.
Devoto: existen referencias al tema de la culpa en las escrituras sagradas. Por ejemplo en el cristianismo.
Maestro: primero verifiquemos el ambiente del juicio al que fue sometido Jesús. Los romanos y los sacerdotes del sinedrio sólo consiguieron juzgar al Jesús histórico. Sólo pudieron condenar su cuerpo al martirio. El Cristo que habitaba en ese cuerpo nunca juzgó y ningún juicio lo podría alcanzar.
Devoto: y en ese caso, ¿cuál sería la enseñanza básica sobre la culpa?
Maestro: el Cristo dijo “no juzguéis y no seréis juzgados”. Y lo que quiso transmitir fue un mensaje claro: “disuelve tu ego en el Ser, y no habrá juzgamiento posible que salga de ti o que te alcance. Y por lo tanto no habrá culpa posible”.
Devoto: esto nos llevaría de nuevo al problema de la acción, de quien ejecuta una acción, del hacedor. El sujeto que la ejecuta siempre promulgará un veredicto sobre la misma.
Devoto: esto nos llevaría de nuevo al problema de la acción, de quien ejecuta una acción, del hacedor. El sujeto que la ejecuta siempre promulgará un veredicto sobre la misma.
Maestro: manténgase centrado en el Ser. Esa es la roca, su lugar seguro. Todo movimiento que salga de ese estado será seguro. Y acontecerá aquello que llamamos aquí de “acción sin juzgar”.
domingo, 26 de mayo de 2013
Hablando sobre conflictos
Devoto: en otras conversaciones usted
nos habló sobre un aspecto conciliador que es inherente a la espiritualidad. En
este sentido algunos hablan de la “lucha espiritual” como un proceso en donde
el actor sería algo que llamamos de “guerrero espiritual”.
Maestro: sí, eso se hace evidente en
algunos textos espiritualistas. Hablar de lucha y de guerrero espiritual crea automáticamente
un escenario en la mente del devoto. Un campo en donde deberían ocurrir
confrontaciones contra algo, contra alguien. A estos últimos los podríamos llamar
de enemigos u opresores.
Devoto: ¿ese campo de batalla qué representa
realmente?
Maestro: mire bien quien hace la pregunta.
Allí está el campo de batalla. Podríamos decir que el escenario es la mente, y
uno de los actores es el personaje que usted representa.
Devoto: al personaje lo hemos llamado en
nuestros encuentros de “ego”.
Maestro: de allí vienen todas las
preguntas, inclusive aquella de “donde está el campo de batalla”.
Devoto: en toda lucha debería haber
por lo menos dos personajes para una confrontación.
Maestro: sí, eso es evidente. El otro
personaje está en desacuerdo con algo que usted sostiene, con un argumento, con
alguna posición, con un prejuicio, con un preconcepto, con alguna posesión. Eso
completa un posible escenario de conflicto.
Devoto: para abordar el tema sugeriría
aclarar el tema de los dos personajes del conflicto.
Maestro: ese abordaje generalmente trae
problemas. ¿No sería mejor analizar la
esencia del desacuerdo y del conflicto?
Devoto: no estaba pensando en esa
dirección pero podemos proseguir nuestra conversación.
Maestro: en un conflicto el elemento
del desacuerdo tiene una dualidad inherente: representa un elemento de
conflicto y también un elemento de intercambio (o de negociación). Son dos
caras de una misma moneda. El enemigo es importante pues permite que esta
dualidad emerja, que se haga evidente. Y así la misma puede ser disuelta por la
comprensión. Esta comprensión representa una disolución de la dualidad, aquella
que causó el problema. A esto los textos espiritualistas lo han llamado de “reconciliación”.
Otros lo llaman de “arrepentimiento”.
Devoto: o sea que en una lucha espiritual
el eje del conflicto no está exactamente en el enemigo, sino en aquello que se
disputa.
Maestro: muchos textos espiritualistas
llaman al enemigo de maligno, de demonio, de odio, o de todas aquellas
debilidades que en la tradición cristiana son denominadas de pecados capitales. También pueden ser personajes externos que consiguen evocar, de alguna manera, esas debilidades dentro de usted.
Pero cuando los mismos aparecen en el escenario del conflicto no son tan importantes
en el proceso.
Devoto: esto me parece complejo.
Maestro: esos posibles enemigos sólo
están allí para hacer evidente la naturaleza del conflicto, que siempre está
ligada a la dualidad.
Devoto: esto es contradictorio, pues
siempre queremos luchar contra algo, por un motivo.
Maestro: observe que el escenario es la
mente, un lugar donde reina la dualidad.
Entrar en el conflito, como un personaje, refuerza la dualidad, y como
postre genera gratuitamente la culpa.
Devoto: ¿o sea que siempre que estemos en un escenario
de conflicto habrá culpa?
Maestro: eso es correcto. En un
escenario de conflicto siempre aparece la culpa. Y ella también pude ser
observada como un síntoma de existencia de algún conflicto. Ella refuerza la
dualidad, refuerza el conflicto y aparece como síntoma. Este comportamiento es típico de sistemas que
se retroalimentan, que se refuerzan mutuamente.
Devoto: y ahora hablemos sobre el “enemigo”,
el “opresor”, el “contrincante”.
Maestro: la labor del contrincante es siempre
positiva, pues coloca en evidencia un conflicto que estaba en potencial, o que
estaba presente mas no era evidente. El conflicto aparece como una fisura del
ego, y lo que se destila en esta fisura es un aspecto del miedo, la mayor parte transfigurado en
una forma específica, a la que llamamos comúnmente de culpa. El mismo miedo puede detonar el surgimento de otros aspectos negativos, que crecen y ser refuerzan como una bola de nieve, por ejemplo la rabia, la envidia, el orgullo y así sucesivamente.
Devoto: ¿y que nos resta hacer ante el conflicto?
Maestro: todos los textos sagrados dan
la misma solución: disuelva el aspecto dual que creó el problema. Esto hasta
aparece en la práctica como una negociación. El elemento del conflicto debe ser
colocado en una mesa para ser revisto. Esto está bien claro en los textos
sagrados de la tradición cristiana.
Devoto: usted nos había hablado alguna
vez sobre el salmo 23 de David.
Maestro: exactamente, observe este
trecho: “Tu bastón y tu cayado me dejan tranquilo. Delante de mí preparas una
mesa, en frente de mis enemigos. Unges mi cabeza con óleo y mi taza transborda”.
Devoto: parece ahora más claro ahora
su significado…
Maestro: La mesa está siendo preparada
por alguien, aquel que da seguridad y tranquilidad. Para negociar usted
necesita de alguien externo, amoroso, que sea neutro, que no esté envuelto en el
conflicto, que no juzgue. El elemento del conflicto debe ser colocado sobre esa
mesa. El proceso de
negociación representa una disolución de la dualidad. El resultado es un
aspecto de integración, de paz, sin sentimiento de culpa, que se alcanza por la
protección que tiene el devoto cuando participa sinceramente de un proceso de
reconciliación. Esta sinceridad del devoto representa la verdadera naturaleza
del guerrero espiritual. Y es la única arma que deberá esgrimir.
viernes, 12 de abril de 2013
Materialidad y espiritualidad
El mundo material es regido por leyes conservativas, por ejemplo conservación de la masa, conservación de la energía, conservación de la cantidad de movimiento. De esta manera, si tiramos de un lado y colocamos en otro lugar algo va a quedar faltando en algún sitio. Algo va a estar empobreciéndose y algo se va a enriquecer de alguna manera. El dar para recibir es en el fondo ese ejercicio, se espera recibir algo para tapar algún hueco que quedó por ahí. Es un típico acto terrenal. Por este motivo la compasión, tal como la han expresado los santos, es un acto extraterreno. No es una acción de este mundo. En un acto compasivo quien da no espera nada de vuelta, y en el fondo queda enriquecido. Es una acción silenciosa, creativa, en donde las fuerzas conservativas del mundo no ejercen ninguna influencia. Por este motivo la compasión es la clave de la espiritualidad y de la trascendencia.
domingo, 16 de septiembre de 2012
De la fe y sus orígenes (diálogo con un maestro de la Advaita)
Devoto: en otras conversaciones usted
nos habló sobre un aspecto conciliador que es inherente a la espiritualidad. En
este sentido algunos hablan de la “lucha espiritual” como un proceso en donde
el actor sería algo que llamamos de “guerrero espiritual”.
Maestro: sí, eso se hace evidente en
algunos textos espiritualistas. Hablar de lucha y de guerrero espiritual crea automáticamente
un escenario en la mente del devoto. Un campo en donde deberían ocurrir
confrontaciones contra algo, contra alguien. A estos últimos los podríamos llamar
de enemigos u opresores.
Devoto: ¿ese campo de batalla qué representa
realmente?
Maestro: mire bien quien hace la pregunta.
Allí está el campo de batalla. Podríamos decir que el escenario es la mente, y
uno de los actores es el personaje que usted representa.
Devoto: al personaje lo hemos llamado en
nuestros encuentros de “ego”.
Maestro: de allí vienen todas las
preguntas, inclusive aquella de “donde está el campo de batalla”.
Devoto: en toda lucha debería haber
por lo menos dos personajes para una confrontación.
Maestro: sí, eso es evidente. El otro
personaje está en desacuerdo con algo que usted sostiene, con un argumento, con
alguna posición, con un prejuicio, con alguna posesión. Es completa un
escenario de conflicto.
Devoto: para abordar el tema sugeriría
aclarar el tema de los dos personajes del conflicto.
Maestro: ese abordaje generalmente trae
problemas. ¿No sería mejor analizar la
esencia del desacuerdo y del conflicto?
Devoto: no estaba pensando en esa
dirección pero podemos proseguir nuestra conversación.
Maestro: en un conflicto el elemento
del desacuerdo tiene una dualidad inherente: representa un elemento de
conflicto y también un elemento de intercambio. Son dos caras de una misma
moneda. El enemigo es importante pues permite que esta dualidad emerja, que se
haga evidente. Y así la misma puede ser disuelta por la comprensión. Esta
comprensión representa una disolución de la dualidad, aquella que causó el
conflicto. A esto los textos espiritualistas lo han llamado de “reconciliación”.
Otros lo llaman de “arrepentimiento”.
Devoto: o sea que en una lucha espiritual
el eje del conflicto no está exactamente en el enemigo, sino en aquello que se
disputa.
Maestro: muchos textos espiritualistas
llaman al enemigo de maligno, de demonio, de odio, o de todas aquellas
debilidades que en la tradición cristiana son denominadas de pecados capitales.
Pero cuando los mismos aparecen en el escenario del conflicto no son tan importantes
en el proceso.
Devoto: esto me parece complejo.
Maestro: esos posibles enemigos sólo
están allí para hacer evidente la naturaleza del conflicto, que siempre está
ligada a la dualidad.
Devoto: esto es contradictorio, pues
siempre queremos luchar contra algo, por un motivo.
Maestro: observe que el escenario es la
mente, un lugar donde reina la dualidad.
Entrar en el conflicto como un personaje refuerza la dualidad, y como
postre genera gratuitamente la culpa.
Devoto: ¿o sea que siempre que estemos en un escenario
de conflicto habrá culpa?
Maestro: eso es correcto. En un
escenario de conflicto siempre aparece la culpa. Y ella también pude ser
observada como un síntoma de existencia de algún conflicto. Ella refuerza la
dualidad, refuerza el conflicto y aparece como síntoma. Este comportamiento es típico de sistemas que
se retroalimentan, que se refuerzan mutuamente.
Devoto: y ahora hablemos sobre el “enemigo”,
el “opresor”, el “contrincante”.
Maestro: la labor del contrincante es siempre
positiva, pues coloca en evidencia un conflicto que estaba en potencial, o que
estaba presente mas no era evidente. El conflicto aparece como una fisura del
ego, y lo que surge de esta fisura es un aspecto del miedo, transfigurado en
una forma específica, a la que llamamos comúnmente de culpa.
Devoto: ¿y que nos resta hacer ante el conflicto?
Maestro: todos los textos sagrados dan
la misma solución: disuelva el aspecto dual que creó el conflicto. Esto hasta
aparece en la práctica como una negociación. El elemento del conflicto debe ser
colocado en una mesa para ser revisto. Esto está bien claro en los textos
sagrados de la tradición cristiana.
Devoto: usted nos había hablado alguna
vez sobre el salmo 23 de David.
Maestro: exactamente, observe este
trecho: “Tu bastón y tu cayado me dejan tranquilo. Delante de mí preparas una
mesa, en frente de mis enemigos. Unges mi cabeza con óleo y mi taza transborda”.
Devoto: parece ahora más claro ahora
su significado…
Maestro: La mesa está siendo preparada por alguien,
aquel que da seguridad y tranquilidad. Para negociar usted necesita de alguien
que sea neutro, que no juzgue. El elemento del conflicto debe ser colocado
sobre esa mesa de negociaciones. El
proceso de negociación representa una disolución de la dualidad. El resultado
es un aspecto de integración, que se alcanza por la protección que tiene el
devoto cuando participa sinceramente de un proceso de reconciliación. Esta
sinceridad del devoto representa la verdadera naturaleza del guerrero
espiritual. Y es la única arma que debe esgrimir en el conflicto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
